El pionero Royal Raymond Rife descubrió que cada especie de vida tiene su propia firma espectroscópica distintiva. Cada microorganismo tiene su propio patrón molecular específico de oscilación. En otras palabras, cualquier virus, bacteria, parásito o patógeno es sensible a una de las frecuencias rife específicas.
Este principio puede ser ilustrado con una nota musical intensa que hace estallar una copa de cristal: Las moléculas de la copa están oscilando a la misma armónica de esa nota musical; es decir, están en resonancia. Y dado que cada organismo tiene una frecuencia diferente hay –literalmente- cientos de trillones de biofrecuencias distintas. Y, por lo tanto, cada especie y molécula tiene sus propias Frecuencias Rife específicas.
Rife y muchos otros sabían que la frecuencia es la clave para controlar patógenos. Es la clave para estimular el cuerpo a luchar contra sus propios patógenos. Lo más importante ha sido encontrar la frecuencia correcta, a la luz de las constantes mutaciones, y la forma apropiada de ondas.
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